Fiestas de Independencia en Cartagena – Aproximación desde teorías culturales – Opinión de Ana Arnedo

Por Ana Cecilia Arnedo (Especial para Revista Zetta).- En este ensayo pretendo proponer una reflexión sobre las fiestas de independencia en Cartagena, teniendo en cuenta enfoques conceptuales y disciplinarios de las teorías culturales, fusionados con problemáticas contemporáneas abordadas desde la teorización de la cultura. Dicho de otro modo, me permitiré elaborar conjeturas académicas sobre ¿Qué significado tienen las fiestas de independencia en una ciudad excluyente y racista como Cartagena? ¿Por qué y para qué fomentarlas?

Cartagena de Indias es una ciudad de gran historia reconocida tradicionalmente como “La Heroica” y “El Corralito de Piedra”. Ambos apelativos dan muestra de imaginarios construidos a razón de la permanencia arquitectónica de la ciudad colonial y del papel histórico atribuido al hecho de ser la primera ciudad colombiana en proclamar soberanía radical de la Corona española el 11 de noviembre de 1811 (Bastenier, 2015). Después de 206 años, Cartagena es una ciudad que parece no tener derecho a celebrar su independencia. Siguiendo a Abello (2015), esta ciudad encarna la desigualdad social y la pobreza, junto a ello, una parte significativa de su población vive bajo la línea de indigencia. A su vez, el documental “La famosa Cartagena y su crisis social” del periodista Mauricio Gómez emitido recientemente por el Canal Uno, dejó al descubierto otros asuntos, sabidos por todos pero muy pocas veces discutidos: el nivel de corrupción y clientelismo político que ha sacrificado a la administración distrital y a sus recursos destinados a muy pocas manos, el deterioro del desempeño educativo que nos sume en ignominia colectiva y generalizada, la grave problemática medioambiental, la no planificación urbana o la planificación a favor de unos y no otros, entre otros aspectos.

Ahora bien, ¿por qué este panorama para hablar de fiestas de independencia? La fiesta es un hecho social que requiere, anotando a Clifford Geertz (1997), descripción densa para su comprensión, es decir, observar la fiesta como práctica y situarla en un contexto. La fiesta de independencia en Cartagena goza de significados asociados a un acervo fundacional, es la fiesta más importante y masiva, y después de las fiestas de La Candelaria, la más antigua (Ruz, 2015). Más allá de lo que las investigaciones historiográficas quieran señalar, la fiesta la hace la gente desde su cultura popular, el principal y real patrimonio de esta ciudad. Pero ¿de qué gentes hablamos?

Según Gutiérrez (2000), desde la primera celebración de la gesta de Independencia en 1812, y su posterior oficialización en 1846, unido a la celebración del Centenario en 1911, el ya celebrado Bicentenario de la Independencia, han habido expresiones simbólico-festivas, plurales y complejas de sello negro y abolengo popular, consideradas de manera controvertida, menospreciada, mal comprendidas y excluidas por parte de unas élites locales y nacionales; ejemplo de ello los fandangos, la cumbia, comparsa de negros, entre otras expresiones.

Me permitiré conjeturar desde la perspectiva de estudios postcoloniales, en este sentido asumo como válida la idea de que las experiencias coloniales no están en el pasado, sino que nos constituyen. De ser así, el racismo, como aparato ideológico del colonialismo (Fanon, 1965), genera diferencias coloniales que asignan valores de acuerdo a la ‘raza’[1], ubicando las prácticas cotidianas y, en este caso particular, las festivas, en ciertos espacios, propuestas además como referentes de civilización y, otras, asignadas a las gentes de la periferia, subvaloradas como patéticas, jolgorios y con necesidades de disciplinamiento y concientización.

Dicho en otras palabras, de la misma manera que la diferencia colonial subalternizó formas de conocer y pensar, formas de producción, escrituras no alfabéticas, etc., también lo hizo con las prácticas de ocio y las formas de vida que las sustentaban (Tabares, 2012). Y dada nuestra herencia colonial, en Cartagena unos no negros, no populares subvaloran y trivializan la fiesta de independencia, hoy con la excusa que la ciudad anda mal para dedicarse a festejar.

El patrimonio simbólico festivo de Cartagena se constituye en dimensión cultural. Según Geertz (1997), la cultura es una urdimbre de significados. Así, los procesos culturales que sostienen la fiesta de Independencia en la ciudad requieren una mirada no estrictamente histórica, sino interpretativa que busque comprender los significados ahí inmersos.

En la actualidad las fiestas de independencia sufren un proceso de revitalización para constituirse como patrimonio cultural inmaterial. Arizpe (2009), respecto al patrimonio cultural inmaterial, plantea que son “una serie de prácticas perfomativas que se hacen visibles en el momento de la acción, pero que representan una serie de códigos aprendidos y compartidos […] es una práctica recursiva que produce nuevos significados” (p.8).

Sin lugar a dudas, la inclusión de las fiestas de independencia en la lista representativa de patrimonios culturales del Ministerio de Cultura, comporta un desafío institucional y ciudadano: materializado en políticas culturales que operen como nuevos dispositivos para relacionarnos con la realidad, direccionadas para producir un disenso con las lógicas hegemónicas de poder (Vich, 2014), que en lo especifico, nos organizaron y nos produjeron nuestras fiestas. Asimismo, es importante resaltar la visión propuesta por García Canclini (1997) que expone que las “políticas culturales el conjunto de intervenciones realizadas por el Estado, las instituciones civiles y los grupos comunitarios organizados a fin de orientar el desarrollo simbólico, satisfacer las necesidades culturales de la población y obtener consenso para un tipo de orden o de transformación social” (p.26). De manera que las fiestas de independencia deben ser la excusa para fomentar nuevas identidades, esto es, como sentimiento de pertenencia y elemento clave de una cultura (Grimson, 2010).

Para finalizar, quiero señalar esta idea: “siempre habitamos en cuentos porque los cuentos nos constituyen, nos producen”[2]; la opción de patrimonializar las fiestas de independencia es quizás un cuento inventado desde lugares de poder específicos –la academia por ejemplo-; admitamos que en el tiempo, este esfuerzo debe generarnos otros elementos que resignifiquen el dolor y el goce por lo propio.

De modo que hablar de las fiestas de independencia como patrimonio puede ser una forma de reconstruir el deteriorado tejido social de la ciudad. De manera que esta oportunidad de política cultural en Cartagena, debe promover la formación de nuevos gestores culturales capaces de cartografiar tanto la producción de bienes y servicios culturales locales como agenciar desde la cultura transformaciones sociales que impacten la esfera pública (Vich, 2014). Dicho brevemente, que generen identidad cultural con participación ciudadana. Pensado así, “el patrimonio se convierte de esta forma no en un aspecto fósil de la cultura de una sociedad, sino efectivamente en un elemento dinámico que se construye y reconstruye permanentemente” (Zamora, 2011: p.107). Y ante todo, nos construye y nos reconstruye día a día.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Abello, A (2015). Prefacio. Del arte de prohibir, desterrar, discriminar: Cartagena y sus disimiles narrativas de desarrollo y pobreza. En: Abello, A & Flórez, F (Ed.) Los desterrados del paraíso. Raza, pobreza y cultura en Cartagena de Indias. Editorial Maremágnum. Pág. 21-54.

Arizpe, L (2009). El Patrimonio Inmaterial de México, Ritos y festividades. Pensar la cultura, México.

Bastenier, M (2015). Prologo. La ciudad que se traiciona a sí misma. En: Abello, A & Flórez, F (Ed.) Los desterrados del paraíso. Raza, pobreza y cultura en Cartagena de Indias. Editorial Maremágnum.

Fanon, Franz. 1965. “Raza y cultura”. En: Por la revolución africana. pp. 38-52. México: Fondo de Cultura Económica.

Geertz, Clifford. 1997. “Descripción densa”. La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa Editorial.

Grimson, Alejandro. 2010. “Cultura, identidad: dos nociones distintas”. Social Identities. 16 (1): 63-79.

Gutiérrez, E (2000). Fiestas: 11 de noviembre en Cartagena de indias. Manifestaciones artísticas. Cultura popular 1910-130. Medellín: Lealón.

Ruz, G (2015). Fiestas de independencia: el tambor que no calla. En: Abello, A & Flórez, F (Ed.) Los desterrados del paraíso. Raza, pobreza y cultura en Cartagena de Indias. Editorial Maremágnum. Pág. 449-474.

Tabares, F (2012). Juegos populares y tradicionales, ocio y diferencia colonial, Revista Polis. Disponible en: www.polis.revues.org/187

Vich, Víctor. (2014) “Introducción”. En: Desculturalizar la cultura. La gestión cultural como forma de acción política. pp. 13-21. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Zamora, E (2011). Sobre patrimonio y desarrollo. Aproximación al concepto de patrimonio cultural y su utilización en procesos de desarrollo territorial. Pasos Revista de Turismo y patrimonio cultural 9(1). Pág. 101-113. Disponible en: https://www.pasosonline.org/Publicados/9111/PS0111_09.pdf

[1] Aunque recordando a Levi-Strauss (1979) no hay una relación causal entre raza y comportamientos sociales. Más bien estos son determinados por las culturas. No obstante, sabemos que la raza es un hecho histórico con implicaciones sociales, económicas y políticas.

[2]Frase emitida por el profesor Eduardo Retrepo en la sesión en que trabajamos a Stuart Hall. Sábado 07/10/2017.